
Contaban del fuego que junto a la noche, engendraron al arte. Todo empezó cuando alguien quiso transmitir con su cuerpo lo que el día había sido o conquistar el corazón de otra persona. Esas ganas de contar, de todas las formas posibles, experimentando con la materia prima de las personas, dio lugar a la danza, al teatro, a la música, a la poesía, a la pintura, a la creatividad, al amor.
Que más da si es una silla o un sillón. Lo que importa es que sirve para sentarse. Como el suelo. Qué más da si es performance, teatro, poesía o radio, lo que importa es que transmita y genere imaginario colectivo. Que aglutine, transforme y se exprese. Que guarde algo común. Una esencia y muchos sentidos. Tantos como personas y experiencias de vida. Que tenga un color y una forma informe. Que esté cuidado, sentido, que este abierto a la espontaneidad, que guarde una memoria colectiva y genere más.
Una sensación te persigue después de Bastardas. No consigues generar un sentido único, común, aceptable. Razonar todo y hacer con ello una comida. Todo se te mezcla y parece imposible que de ahí salga algo que merezca la pena hincar el diente. En la cena de Bastardas hubo un ingrediente fundamental para que esa comida, que ya está en tu estómago, se pueda digerir: Atreverse. Atreverse a ver con profundidad los detalles y no asustarte de estar en medio de esa amalgana de sensaciones que todas son tú.
Eres tú cuando te montas en el coche con desconocidxs, eres tú cuándo das la mano a dos personas que son las atalayas de una fábrica abandonada a las afueras de la ciudad en un barrio que pronto dejará de existir como lo conocemos. Eres tú pisando sacos de escombros del pasado, adentrándote en el presente a un futuro incierto. Eres tú la que te dejas atar y empiezas a girar en una rueda. La que se revienta los globos de pus que ya no quiere más y que alguien te dijo que venían de unos ovarios como melones. Eres tú la que aceptas la cuerda y la que después, se mira en una ciénaga industrial llena de botellas de plástico y velitas. Eres tú la que te sitúas en un cuadrado en el abismo del cemento. La que se llena de polvo y tiza los pies para borrar ese límite que ya no te satisface. Eres tú la que te reflejas en la webcam. La que metes la cabeza en un cubo de agua hasta estar apunto de asfixiarte y la que decide hacerse una foto para que la gente vea hasta donde llega tu agonía. También eres tú la divida por etiquetas, la que se corta el pelo o se lo deja a su aire, la que se muere de frío desnuda en una fábrica de techos de amianto.
Eres tú la que te echas barro por encima y te purificas después. La que estás harta de que eso sea una silla y tú una mujer, un hombre, un algo clasificable. Eres tú el fuego, la que tiene las intrucciones de cómo se hace, la que aprende a hacerlo, la que patea montañas de ladrillo como un toro en el instante de salir al ruedo. Tú eres la narradora, la que va en patines con un vestido de comunión ocupándose de la logística bailando al compás de un par de generadores. Eres tú lo más improductivo y productivo a la vez.
Eres tú la que pegas, la que se deja pegar, la que coje la piedra y termina la acción impulsivamente. La que no la coge, la que aguanta y se sitúa en ambos papeles. La que no sabe que pensar. Eres tú la que mezcla la magia blanca y la negra. La que dibuja un pentáculo y sigue las intrucciones de la religión Wicca; la religión de la diosa; del contacto con lo íntimo; de la tierra. La que vuelve a pisar los sacos de escombros del presente y camina hacia un coche, esta vez, conocido. Eres tú parte de ese grupo que recuperó por unos instantes, la posibilidad de ser tú misma.
BASTARDAS 2018







